El desarrollo embrionario humano

El desarrollo embrionario empieza poco después de que se produzca la fecundación. El cigoto comienza a dividirse y sigue haciéndolo a medida que se desplaza hacia el útero. Al alcanzar el estadio de blástula, se implanta en el endometrio del útero.
Cuando el embrión contacta con el útero, produce una hormona, la gonadotropina coriónica. Esta hormona evita que degenere el cuerpo lúteo, de modo que este continúa en funcionamiento y se interrumpe el ciclo menstrual.
La blástula humana es una cavidad más o meno esférica, con una masa de células en su interior a partir de la que se desarrolla el embrión. La cubierta externa da origen al carion, un tejido que, con el endometrio, forma la placenta.
Los embriones tienen un conjunto de cavidades y membranas que no forman parte de él ni van a originar ninguna parte del cuerpo, pero que participan en la protección o la nutrición del embrión. En el ser humano podemos distinguir:

  • El corion. Es la membrana más externa, que ayuda al embrión a implantarse en el útero. El corion produce unas prolongaciones, las vellosidades coriónicas, repletas de vasos sanguíneos, que se introducen en el endometrio. De este modo, el endometrio y el corion quedan íntimamente unidos y dan origen a la placenta.
  • Amnios. Es una membrana que recubre al embrión. Esta rellena de líquido y tiene una función protectora.
  • Saco vitelino. En él se forman células sanguíneas al comienzo del desarrollo. A medida que progresa el desarrollo, va disminuyendo de tamaño, hasta que desaparece.
  • Alantoides. Participa en la alimentación, la circulación y la excreción del embrión.

Otra importante estructura es el cordón umbilical. Contiene lo vasos sanguíneos que comunican al embrión con la placenta. Termina englobando el saco vitelino y el alantoides.
  
                

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